mujer con baja tolerancia a la frustración

Baja tolerancia a la frustración: 8 técnicas para mejorar

La baja tolerancia a la frustración es una dificultad para gestionar emocionalmente distintas situaciones que pueden acontecer en nuestra vida cotidiana. Estresarte de manera excesiva cuando estás en un atasco de tráfico; perder los nervios al intentar montar un mueble; no tolerar observaciones a tu manera de hacer las cosas o reaccionar desde la ira cuando algo sale mal, son algunos ejemplos que ilustran la baja tolerancia a la frustración en una persona.

La buena noticia es que este tipo de respuestas se pueden corregir. Y es que aquellas personas que no toleran bien la frustración no son necesariamente débiles o impulsivas por naturaleza. Más bien, nadie les explicó que la dificultad para tolerar la frustración responde a factores biológicos, de aprendizaje y contextuales, y que trabajarla es posible.

En este artículo encontrarás las señales que te ayudarán a identificar este patrón, las causas más frecuentes que lo explican sin culpas y ocho técnicas concretas, respaldadas por la terapia cognitivo-conductual, el mindfulness y la terapia de aceptación y compromiso para empezar a trabajarlo hoy mismo.

¿Qué es realmente la baja tolerancia a la frustración?

En primer lugar, es preciso apuntar que la intolerancia a la frustración no es un diagnóstico clínico. Tal y como introducíamos, se trata de una dificultad para gestionar emocionalmente los límites, los errores, las esperas y los resultados que no coinciden con lo que esperabas. La frustración en sí misma es una emoción normal, y como ya hemos señalado en otros artículos de este blog, las emociones no han de encasillarse como buenas o malas sino, más bien, como un espacio de nosotros mismos en el que debemos dar cabida a sentimientos opuestos como parte de nuestro proceso de crecimiento personal.

Desde esta óptica, la frustración forma parte de la vida misma. No obstante, existe un problema cuando la reacción ante el obstáculo que nos impide alcanzar un objetivo es muy intensa, muy frecuente o dura mucho más de lo que la situación justifica.

Autores de la terapia racional emotiva, como Albert Ellis, señalaron la intolerancia a la frustración como uno de los principales generadores de malestar psicológico. Su idea central es que no es la situación lo que nos perturba, sino la creencia de que no deberíamos tener que soportarla. Frases como «esto es insoportable», «no tendría que pasarme esto a mí» o «si no sale perfecto, es un fracaso» son ejemplos de pensamientos catastróficos que, muchas veces de forma automática e invisible, disparan la reacción.

¿Por qué nos cuesta tolerar la frustración? Estas son las causas más frecuentes

La intolerancia a la frustración rara vez responde a una única causa. Es, más bien, una suma de factores que pueden interactuar entre sí detonando la reacción. Conocer estos factores te puede ser útil para anticipar la conducta de ira y/o ansiedad que muchas veces acompaña a las personas que sufren estos episodios. A continuación, vamos a detallar algunas de las causas habituales que pueden explicar la baja tolerancia a la frustración:

Temperamento y aprendizaje temprano

Algunas personas tienen mayor reactividad emocional de base. Y con esto no queremos inducirte a la idea de que «has nacido así» y por tanto tus reacciones son inevitables. No. Que algunas personas puedan tener una cierta predisposición a reaccionar de una forma más exaltada ante ciertas circunstancias no quiere decir que no puedan controlar su conducta. Simplemente existe una predisposición. Pero, por supuesto, se puede corregir y controlar.

A esto debemos añadir que el entorno en el que nos criamos puede agravar esta predisposición o ser una causa de la baja tolerancia a la frustración en sí mismo. Si tus padres resolvían todos tus retos sin darte lugar al fallo y la consecuente regulación emocional, existe la posibilidad de que esa sobreprotección genere las respuestas iracundas que ahora experimentas cuando algo no sale como tú esperabas. 

En línea con el ejemplo anterior, también es posible que en tu entorno familiar crecieras con el ejemplo de unos padres o familiares que reaccionaban de manera incontrolada cuando las cosas se torcían. Ese modelo, en tanto que parte de nuestra personalidad se forja en base a la observación, también pudo motivar que desarrollaras una manera de afrontar las adversidades basada en la frustración, cuando no en la ira o una angustia exacerbada.

Estrés crónico y recursos emocionales agotados

Hay personas que cuentan con una buena base en lo que a regulación emocional se refiere. Ya sea por su personalidad o porque han trabajado para adquirir este tipo de habilidad en la forma de afrontar los conflictos y adversidades de la vida.

Sin embargo, hay etapas marcadas por el estrés y el agotamiento que pueden provocar una fractura en la capacidad de la persona para afrontar estos momentos de forma regulada.

Un duelo, una crisis laboral prolongada o una ruptura sentimental, son ejemplos de situaciones que pueden agotar los recursos emocionales de alguien, llevándole a experimentar una dificultad para tolerar la frustración impropia de él o ella.

Es importante que, si estás en una etapa como las descritas, seas consciente de tu capacidad para regular las emociones. Esto implica que no te juzgues duramente en momentos así y que, por el contrario, asumas el carácter temporal de la situación y optes por reducir la carga o buscar ayuda profesional en caso de necesitarla.

La cultura de la inmediatez

Este es un factor que merece una especial atención hoy en día. Nuestro contexto social actual se caracteriza por la obtención de recompensas inmediatas, el consumo de contenidos de forma impulsiva y una marcada ausencia a la hora de cultivar la paciencia y la espera. 

Por esta razón, la baja tolerancia a la frustración es un problema que también puede afectar a  niños y adolescentes. Sus patrones de conducta, sobre todo en relación al uso de la tecnología, promueven que no tengan la capacidad de esperar para ver un contenido —valga como ejemplo el botón de saltar anuncio—. Pero no sólo eso. Redes como TikTok o los Reels de Instagram generan un consumo rápido e impulsivo de contenidos cortos que se ven sin descanso, activando los niveles de dopamina y gratificación inmediata del consumidor. La parte negativa de esta conducta es, entre muchas otras que tienen relación con los niveles de atención y concentración, esa conducta orientada a la recompensa rápida. Y es que esta gratificación instantánea conlleva el riesgo de, en determinados casos, alimentar esa baja tolerancia a la frustración a la que nos estamos refiriendo.

hombre estresado en una oficina

¿Cómo detectar la baja tolerancia a la frustración? Señales en adultos y en niños

Tener un momento de frustración espontáneo, incluso acompañado de momentos de ira y angustia, no implica que tengas un problema que corregir. Es perfectamente normal que un acontecimiento concreto nos pueda sobrepasar y nos cause una frustración que, en el momento, no hemos sabido manejar. Lo que convierte a este tipo de reacciones en un problema es su frecuencia, la intensidad y la forma en la que pueden interferir en tu vida cotidiana. En los siguientes apartados vamos a ofrecer claves para detectar la baja tolerancia tanto en adultos como en niños y adolescentes.

Señales en adultos

Algunas de las señales más frecuentes que dan indicios de intolerancia a la frustración en adultos son:

  • Irritabilidad ante pequeños imprevistos.
  • Explosiones de ira cuando algo no sale de acuerdo a las expectativas.
  • Abandono reiterado de proyectos.
  • Reacciones desproporcionadas ante inconvenientes.
  • Necesidad de gratificación inmediata.
  • Tendencia a culpar a los demás de los errores propios.

Además de estas señales, también es preciso señalar que existe un patrón menos visible: la frustración que no se exterioriza y se vive hacia dentro en forma de ansiedad, tristeza o bloqueo. 

Señales de baja tolerancia a la frustración en niños y adolescentes

En las primeras etapas, las señales más comunes son rabietas intensas y prolongadas ante un «no» o una espera, dificultad para perder en juegos, abandono rápido de tareas difíciles y rigidez ante los cambios de rutina.

Algunos niños lo expresan con agresividad, lanzando objetos o golpeando; otros con llanto y una absoluta negación a cooperar. La evitación de retos por miedo a equivocarse también es una señal importante, aunque menos obvia.

Ante este tipo de situaciones, conviene considerar siempre la edad y la etapa evolutiva, porque lo que es esperable a los cuatro años no lo es a los diez. Si este patrón de frustración infantil interfiere con el aprendizaje o las relaciones, vale la pena abordarlo cuanto antes.

La pregunta clave no es cuántas veces ocurre, sino si interfiere con el aprendizaje, las relaciones, las obligaciones o la convivencia. Si la respuesta es sí, conviene actuar.

Ocho técnicas para mejorar el manejo de la frustración

Las técnicas que a continuación vamos a detallar tienen su base en la terapia cognitivo-conductual y el mindfulness. Se pueden practicar sin necesidad de un terapeuta aunque, como siempre decimos, lo idóneo es contar con apoyo profesional. No obstante, pueden suponer un buen punto de partida y hacerte sentir mejor cuando las practicas:

1. La pausa de emergencia: respirar y nombrar

Cuando te encuentres ante una situación frustrante debes asumir el reto de no actuar de forma inmediata e impulsiva. En su lugar, crea una pausa. Inhala suavemente por la nariz y exhala más despacio, a un ritmo de cuatro a seis respiraciones por minuto. Inmediatamente después, nombra con precisión lo que sientes: «siento frustración y tensión en el pecho». Nombrar la emoción favorece los procesos de regulación cognitiva y frena la respuesta impulsiva. 

El objetivo es ese: frenar el acto automático que te conduce a una espiral de reacciones desproporcionadas, ira o angustia. La respiración tiene grandes beneficios a la hora de regular nuestras emociones. Por ello, la primera técnica es esta: para, respira, nombra lo que sientes y elige de forma consciente frenar el impulso.

2. Reestructuración cognitiva: cambiar el pensamiento que alimenta la reacción

Cuando actúas de forma desproporcionada, es muy probable que previamente hayas tenido un pensamiento catastrofista que ha detonado tu reacción. Algunos de estos pensamientos se ilustran en frases como «esto es insoportable» o «si no me sale perfecto seré un fracasado». Este tipo de pensamientos funcionan como gasolina a la hora de prender la llama de una conducta dominada por la baja tolerancia a la frustración.

Por ello, cuando te asalte una idea de este tipo, sustitúyela por una alternativa más objetiva, por ejemplo, «es difícil pero puedo tolerarlo mientras busco otra estrategia». 

No se trata de pensar en positivo sin más, sino de modificar el pensamiento a opciones más precisas y ajustadas a la realidad de lo que ocurre. El pensamiento original exagera la amenaza; la alternativa la calibra.

3. Crea distancia con el pensamiento

Los pensamientos no nos definen como personas y, por ello, una buena práctica es crear distancia con lo que piensas. Cuando alguien tiene un pensamiento del tipo «no puedo soportarlo», esta afirmación tiene una serie de implicaciones vinculadas a lo que la persona cree de sí misma: no soy paciente, soy una persona incapaz, etc. 

De este modo, el objetivo es romper ese vínculo entre lo que piensas y lo que realmente eres. Si en lugar de asumir que «no puedes soportar una situación» te dices a ti mismo/a que «simplemente estoy teniendo el pensamiento de que no puedo soportarlo», el cúmulo de asociaciones inherentes a la primera afirmación se quiebra.

La finalidad no es otra que la de darse cuenta de que los pensamientos pueden venir por un sinfín de circunstancias que nada tienen que ver con lo que realmente somos en la vida. Ser consciente de que puedes pensar una cosa sin que ese algo te defina genera una distancia positiva para tolerar momentos de frustración de una forma más sana.

4. Mindfulness breve: observar sin fusionarse

En relación con lo apuntado en el apartado anterior, tenemos la práctica de observar lo que pensamos sin fusionarnos con ese algo. Anteriormente aludíamos a la necesidad de crear esa distancia de forma consciente, reformulando para ello el pensamiento.

En esta ocasión, la propuesta tiene que ver con la práctica del mindfulness. El ejercicio consiste en sentarse con los ojos cerrados, concentrarse en la respiración y, cuando te asalte un pensamiento, observarlo sin emitir ningún juicio. Lo observas, no lo juzgas, y lo dejas ir.

Esta práctica, cuando se hace de manera constante y sostenida en el tiempo, sirve para regular nuestras emociones y tener una capacidad de respuesta menos impulsiva ante los estímulos, algo que cobra especial importancia dentro del tema que nos ocupa.

5. Exposición gradual: entrenar la tolerancia como un músculo

Esta práctica consiste en detectar qué tipo de situaciones son las que te producen mayor frustración y, en consecuencia, reacciones más exageradas y fuera de control.

Una vez detectadas, la finalidad es que te expongas a ellas de manera voluntaria, gradual y consciente. Cuando estés inmerso/a en los acontecimientos que te hacen reaccionar de forma iracunda, registra en una escala de 0 a 10 el nivel de frustración que has sentido en cada uno de estos momentos.

El objetivo no es eliminar la incomodidad, sino comprobar que puedes tolerarla. Trabajar la tolerancia ante la frustración como si fuera un músculo es, precisamente, la lógica que subyace a este tipo de exposición gradual.

6. El semáforo emocional para niños y adultos

Esta sencilla herramienta es especialmente útil para manejar la tolerancia a la frustración en niños y adolescentes, aunque también puede servir para adultos. Puedes construir un semáforo en el que rojo significa parar el cuerpo sin gritar ni golpear. Amarillo significa respirar y nombrar lo que sientes. Verde significa elegir una respuesta de manera consciente. 

En un primer momento, puede ser bueno practicarlo con situaciones simuladas. Así, cuando os enfrentéis a una situación real, sabréis cómo actuar. Como decíamos, el hecho de tener un objeto al que acudir cuando sientes que vas a reaccionar ante algo que te causa frustración es de gran utilidad para niños y adolescentes ya que les da una referencia de algo a lo que pueden acudir y, en base a ello, reaccionar de una forma menos impulsiva. 

7. Cambia el lenguaje del fracaso

Decíamos anteriormente que no somos lo que pensamos. Sin embargo, las palabras que pronunciamos tienen peso, tanto para el que las dice como para su entorno, algo a tener especialmente en cuenta cuando hay niños en nuestro entorno familiar.

Por este motivo, es importante que cambies tu manera de expresarte respecto al fracaso. Cuando dices «no puedo» estás fomentando una idea de incapacidad que de algún modo te predispone a posibles reacciones impulsivas cuando algo sale mal. En lugar de decir «no puedo» di «todavía no me sale» o «puedo intentarlo de otra manera». 

Cuando modificas tu manera de expresar tu relación con el fracaso mejoras tu capacidad de resiliencia, dando lugar a un espacio en el que hay margen de mejora. Y este ejemplo, cuando hay niños delante, es de un inestimable valor que les sirve de referencia para no rendirse a las primeras de cambio y persistir en el arte de la paciencia y la perseverancia.

8. La revisión semanal: convertir la experiencia en aprendizaje

Una vez a la semana, dedica cinco minutos a revisar las situaciones difíciles con estas preguntas: ¿qué ocurrió, qué sentí, qué hice y qué podría probar la próxima vez? Este hábito breve convierte la experiencia en aprendizaje real y refuerza la sensación de avance, que es lo que sostiene la motivación cuando el proceso se hace largo.

¿Cuándo debería pedir ayuda profesional?

Las técnicas y consejos que hemos ofrecido en este artículo pueden ser útiles en casos leves de baja tolerancia a la frustración. Sin embargo, hay casos en los que la mejor solución es ser sincero con uno mismo y solicitar ayuda profesional. 

Recomendamos que pidas cita con un psicólogo cuando se da alguna de estas circunstancias:

  • Explosiones de ira frecuentes que dañan relaciones o rendimiento.
  • Conductas agresivas o autolesivas.
  • Ansiedad o tristeza persistente ligada a la frustración.
  • Abandono repetido de objetivos por no tolerar los errores.
  • Uso de alcohol u otras conductas de escape para calmarse.
  • Falta de mejora tras semanas practicando estrategias básicas.

En Psicólogos Online Baratos damos acceso a profesionales que tienen experiencia y formación tratando problemas de baja tolerancia a la frustración. Además, para aquellos que nunca han ido a terapia —o sí lo han hecho y han tenido que abandonar el proceso— por el alto coste de las sesiones, todas nuestras consultas tienen un precio fijo de 35€/hora y una sesión inicial gratuita y sin compromiso.

Conclusión

Como se suele decir, reconocer que tienes un problema que corregir ya es un primer paso importante. Y, si has llegado a este artículo y has leído hasta aquí, tenemos una cosa clara: sabes que tienes que mejorar y, además, tienes la voluntad de hacerlo.

La baja tolerancia a la frustración se puede modificar por un tipo de comportamiento consciente en el que la impulsividad y las reacciones automáticas dejan paso a una forma de pensar y actuar en la que cuentas con unas herramientas que te ayudan a vivir esos momentos de tensión desde otra óptica más pausada y con un mayor control de la situación.

Para lograrlo, puedes comenzar con las técnicas que te hemos ofrecido en este artículo. No obstante, puede que ya lleves tiempo intentándolo todo y nada funciona. O tu caso ha llegado a un límite en el que no tolerar la frustración está dañando tus relaciones personales y la normalidad de tu rutina.

Si es tu caso, en nuestra plataforma puedes obtener la ayuda profesional que necesitas. Te invitamos a que conozcas al equipo de profesionales que ponemos a tu servicio y que te pueden ayudar a encontrar aquellas estrategias que mejor se adapten a ti y tu estilo de vida.

Te esperamos y deseamos lo mejor. 

Tabla de contenidos

Los consejos y recomendaciones de este artículo tienen un carácter divulgativo y en ningún caso sustituyen el diagnóstico y tratamiento de un Psicólogo titulado. Si estás atravesando un momento de crisis en tu salud mental, te recomendamos que pidas ayuda profesional.

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